ENTREVISTA

Alexandra Falla: “La memoria audiovisual contiene el ADN de los pueblos”

En noviembre de 2024 se desarrolló en Cuba la Segunda Muestra de Cine Colombiano, evento que sesionó durante tres días en La Habana. El programa incluyó la exhibición de materiales restaurados y también de producciones contemporáneas: toda una oportunidad para actualizar al espectador cubano sobre el cine de ese hermano país. Alexandra Falla, directora de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, lideró esas jornadas.

Nuestra conversación con la directiva, de poco más de media hora, giró en torno al quehacer de esta institución de la cultura de la región y sus empeños por recuperar memoria, valores e historias atesoradas en los Archivos Fílmicos del ICAIC.

Sus palabras destilaron compromiso, vocación y voluntad de seguir haciendo por el arte cinematográfico, que es también dar colores a películas urgidas de salir del silencio. La gratitud de la Revista Cine Cubano y del ICAIC está impresa en el espíritu de las preguntas que apuntan a fortalecer alianzas construidas en estos años de labor.

Hablemos de los antecedentes de la relación entre la institución que usted dirige y el ICAIC. Me refiero específicamente a la restauración de dos cortos de Juan Padrón y del documental de Jorge Fraga sobre los Juegos Panamericanos de Cali.

Creo que es muy importante mencionar el trabajo que hacemos con el ICAIC desde hace algunos años. Cuando llegué a la Fundación, encontré que habíamos participado, tanto en el taller que suele hacerse en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, gestado por la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano y el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), como en otras labores desarrolladas con la Cinemateca de Cuba, que dirige Luciano Castillo.

Una aventura de Elpidio Valdés (1974), de Juan Padrón.

Me vinculé a estos proyectos desde 2018, más o menos, cuando vine por primera vez al taller y traje un archivo que encontramos en la Fundación sobre la llegada de Fidel Castro a La Habana en el momento en que triunfa la Revolución. Ese fue un acto inicial de devolución simbólica de la memoria. Aunque había otras filmaciones de ese mismo día, esa en particular no estaba digitalizada. La encontramos en el archivo de Actualidad Panamericana, que era un noticiero cinematográfico —de los más importantes de la década del cincuenta y del sesenta— que se pasaba en los cines, antes de iniciar las películas.

Ahí empezamos a construir lazos que han llevado a otros proyectos, además de una alianza de la Fundación con el Instituto de Información y Comunicación Social (ICS), de Cuba. Tuvimos la oportunidad de que se hiciera una pasantía de personal del ICRT en la Fundación para conocer de primera mano todo lo relacionado con la salvaguarda de la memoria.

VI Juegos Panamericanos (1971), de Jorge Fraga.

Empezamos a trabajar en algo que todavía está en construcción con el ICS: un documental que da cuenta sobre la participación de los cubanos en el inicio de la televisión colombiana. Luego se firmó un convenio con el ICAIC para dos productos: los dos cortos de Elpidio Valdés y el documental hecho por Jorge Fraga a partir de la cobertura de los Juegos Panamericanos de 1971, quizás los primeros de esa envergadura que se realizaron en Colombia.

En paralelo, estamos involucrados con la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano (FNCL) en la restauración digital de una parte importante de su acervo, que hoy se encuentra en soporte de video y que hemos llevado a Colombia para poder adelantar ese proceso.

Elpidio Valdés contra el tren militar (1974), de Juan Padrón.

En medio de todo esto, surgió la idea de hacer una Muestra de Cine Colombiano contemporáneo y de cine patrimonial, con tres películas que cumplieron cien años en 2024, pertenecientes al período del cine mudo: un fragmento de la película Madre, de Samuel Velásquez, otro de La tragedia del silencio, de Arturo Acevedo Vallarino, y un tercero de Aura o las violetas, de Vincenzo di Doménico y Pedro Moreno Garzón.

La restauración de estos filmes tuvo un trabajo adicional: la musicalización hecha por jóvenes de un semillero que tiene la Facultad de Música del Instituto Tecnológico de Medellín. Es decir, presentamos también una resignificación musical a partir de la apropiación del patrimonio audiovisual, que es un proceso muy interesante y que también valió la pena mostrar en el evento.

Juan Padrón.

Sobre los animados de Juan Padrón y el documental de Jorge Fraga, ¿quiere comentar algunos de los desafíos que significó su restauración?

Es evidente en los materiales de Juan Padrón. El tren militar requirió un mayor trabajo, porque el soporte estaba muy deteriorado, y eso se ve en el proceso de restauración. La película de Fraga me pareció muy curiosa. Precisamente en 2023 llegaron a mí unas personas con un proyecto de documental sobre los Juegos Panamericanos de Cali, y me llamó mucho la atención poder hacerlo, porque la Fundación tiene un material importante de documentación de esos Juegos.

Cuando vine a Cuba para la celebración del aniversario de la Cinemateca, me encontré con que el material que se quería restaurar era el de Jorge Fraga de los Juegos Panamericanos del 71. Y pensé: “No puede ser, estoy buscando material sobre esto y vengo a Cuba y me dicen que hay un documental sobre los Juegos que es muy interesante”. Lo que teníamos en Colombia eran noticieros que cubrieron los Juegos, pero encontrar un material desde otra perspectiva fue un hit.

Jorge Fraga.

Tiene usted una larga relación con Cuba. ¿Qué pilares comunes identifica entre la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano y el ICAIC como para pensar en un vínculo duradero entre ambas instituciones?

El primero de ellos es tener la posibilidad de hacer muestras de cine restaurado. Creo que en el contexto latinoamericano e internacional hay suficiente cine restaurado como para que pudiera ser parte de una muestra cinematográfica itinerante, y que no solamente se realizara en Cuba, sino también en Colombia. Hay además varios procesos de investigación en curso. Al tener tantos elementos en común nuestras nacionalidades es fácil encontrar proyectos a desarrollar.

Elpidio Valdés, el personaje mítico del cineasta cubano Juan Padrón, se avista como un referente de valores y riqueza histórica que nos enriquece. ¿Cómo lo vio usted y cómo lo vieron sus compañeros de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano cuando decidieron revelarnos ese personaje con nuevos bríos?

Me pareció impresionante ese tipo de trabajo de animación hecho en 1970. Realmente Juan Padrón es un pionero de la animación en América Latina, muy destacado. Me fascinó el personaje. Es fantástica la manera en que habla, los valores que transmite, el tema de los modismos, que lo hacen tan cubano. Así que yo quedé gratamente sorprendida. Ojalá podamos seguir trabajando la obra de Padrón y restaurar, por ejemplo, ¡Vampiros en La Habana! Sería fantástico poder hacerlo.

Alexandra Falla.

Cuando se restaura una película que ha estado durante años guardada en un anaquel patrimonial se le da vida otra vez, porque también son restaurados símbolos e historias de vida. ¿Lo entienden ustedes así?

Por supuesto. La memoria audiovisual contiene el ADN de los pueblos. Cuando se mira un material como el de Elpidio Valdés se conjugan muchos elementos de la identidad cubana, de la historia del país y de la lectura que hace un animador como Juan Padrón de esa historia. Se revela cuál es su percepción de esa historia y se valida una narrativa muy interesante sobre ella, que además llega al público infantil de manera muy particular. Me parece absolutamente clave, porque Juan Padrón marca una época muy importante donde algunas de las personas que estaban en la sala repetían los diálogos de los cortos, casi de memoria. Eso me dejó muy sorprendida. Es increíble. Después me explicaron: “Es que todos crecimos viendo los cortos de Juan Padrón”. Entonces, más allá del proceso técnico de restauración, lo que más valoro es el proceso de salvaguarda de esa memoria cubana que en este caso dibuja literalmente una época y una lectura de una época, y exalta la figura del mambí, que es otro símbolo de los cubanos.

Usted que es una líder de estos procesos, una protagonista de estos empeños en Colombia cuando se restaura una película. ¿Qué sensaciones tiene al cerrar con el “arte final”?

Es una gran satisfacción. Ustedes vieron el documento que hicimos después del registro del proceso. Lo que uno ve entre el antes y el después es impresionante, es un cambio del cielo a la tierra. Estamos frente a un renacimiento de la obra, y tiene que ver con el efecto digital. Pero es muy importante y gratificante, porque entre otras cosas este año la Fundación ha empezado a hacer los trabajos autónomamente tras haber comprado un escáner que nos permite, además de hacer restauración digital, arrancar desde el proceso de limpieza del material para luego pasar al de captura digital. Eso nos llena de orgullo: implica que se pueda visibilizar el nivel técnico del trabajo de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano.

Una aventura de Elpidio Valdés (1974), de Juan Padrón.

Ya lo ha dicho, la restauración de una película tiene un componente tecnológico fundamental, pero ¿cuánto de artesanal tiene hoy la restauración?

Lo sigue teniendo, porque el proceso previo, que denominamos de alistamiento fílmico, resulta muy artesanal. Conformar las tortas que van a ir al escáner de captura digital, por ejemplo, se une a la limpieza del material y a una reconstrucción de los orificios de las películas. Además de hacer las pegas para la conformación de estas tortas, la limpieza manual, la reconstrucción de las cintas, más las fases de cortar y pegar. O sea, hay toda una parte de ese trabajo que sigue siendo manual, antes de entrar a la limpieza en un aparato. Luego se pasa a la captura digital. Pero esa primera parte sigue siendo un trabajo bastante artesanal.

¿Qué cualidades deben tener, o tienen, quienes trabajan en el mundo de la restauración cinematográfica? Si le pido un inventario de mínimos, ¿cómo caracteriza a esos protagonistas anónimos?

VI Juegos Panamericanos (1971), de Jorge Fraga.

Lo primero es la sensibilidad para entender que no es un proceso meramente técnico el que se lleva a cabo, sino que va más allá. Se está restaurando la memoria de un país con todas las implicaciones conceptuales y sociales que tiene. Otro elemento fundamental es —sin duda alguna— la mirada técnica, como la definición del color, tener un ojo clínico para hallar contrastes. Ello implica un espíritu de rigor técnico que lleva a investigar.

Hubo diálogos con Silvia y Ernesto Padrón, hija y hermano del realizador, respectivamente, durante todo el proceso de restauración para ver si tenían algún material que pudiera dar cuenta de los colores originales. Esto exige, asimismo, una pericia visual desde la sensibilidad artística. No es un simple transfer.

En tal sentido, quienes trabajamos con la memoria nos apasionamos con lo que hacemos. No imagino a nadie restaurando una película sin gozarlo, sin divertirse mucho haciéndolo. Y tiene la gran felicidad al final.

Elpidio Valdés contra el tren militar (1974), de Juan Padrón.

En el Caribe tenemos una cultura en común. Es algo fabuloso, pero siempre afloran insatisfacciones. ¿Qué nos falta por hacer a los que somos parte de esta gran región para comunicarnos mejor y compartir nuestras ricas y poderosas culturas?

Cuando vengo a un país como Cuba y siento que hay afinidades en el espíritu, entiendo que tiene que ver mucho con el sistema Caribe, pero también siento que a veces no somos conscientes de ello. Los mismos países de la región no son conscientes de que hay un pedacito de país que si bien es propio, también es parte de otro conjunto que es el gran Caribe. Entonces, me parece que hace falta quizás una conciencia que permita trabajar proyectos de carácter multinacional, que converjan en el aporte de esa visión Caribe que todos tenemos.

Suele considerar la voluntad política como una necesidad para llevar adelante proyectos. ¿Cómo entiende esa condicionante en la praxis?

No solo se trata de articular, sino de materializar los discursos. Porque a veces, hay que decirlo, nos quedamos en el discurso. Eso implica la decisión de llevar a cabo un proyecto y poner todo el esfuerzo para hacerlo y para que sea viable. Si hay voluntad, se encuentra la manera de sacarlos adelante.

No nos ha ayudado mucho quedarnos en el discurso grandilocuente de la cooperación internacional. Hay que ir a cosas que puntualmente podemos hacer. Vamos a restaurar estos cinco filmes, hagámoslo; vamos a hacer una muestra de cine colombiano, hagámosla. Nosotros aquí estamos presentando un producto que salió de un convenio que se firmó a comienzos de 2024 y ya está cumplido. Entonces, creo que es algo para celebrar y destacar.

Alexandra Falla.

Coincidimos, seguramente, en que no puede haber nación sin historia, y la labor que hace la Fundación de Patrimonio Fílmico Colombiano es reconstruir historias. Cuando ponen en valor esos legados, ¿qué están entregando para la historia de Colombia y de los países a los que prestan servicio?

Lo que estamos entregando es parte de la identidad cultural de un pueblo. Suena muy grande decirlo así, pero cuando llego a una sala de cine y veo que todo el mundo está diciendo lo que dicen en la película que se está presentando entiendo que eso está en el ADN de los espectadores y que es parte fundamental de su identidad. Si extrapolo al Caribe esta experiencia cubana, pues quizás encuentro similitudes con otros héroes de nuestra independencia, elementos comunes de la cultura latinoamericana en muchos sentidos. Entonces se empieza a jugar con eso y no solo a reparar en las diferencias. Todos los países colonizados por España viven ese proceso. Tuvimos personajes y tenemos maneras distintas de mostrar esos personajes. Implica que en ese sentido lo que entregamos es parte de la identidad cultural de los pueblos (Tomado de Revista Cine Cubano).

 

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Octavio Fraga Guerra
Periodista y articulista de cine, Especialista de la Cinemateca de Cuba. Colaborador de las publicaciones Cubarte y La Jiribilla. Editor del blog https://cinereverso.org/ Licenciado en Comunicación Audiovisual por el Instituto Superior de Arte de La Habana.

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